El destino no es una especie de fuerza misteriosa que se impone en nuestras vidas y nos maneja como si fuéramos maronietas, el destino es el punto al que queremos llegar en nuestras vidas. Y ese punto será en función del tipo de pensamientos, acciones, hábitos y carácter que hayamos desarrollado en todas y cada una de nuestras situaciones personales. El destino es nuestra gran responsabilidad.
Genéricamente podemos plantearlo de dos formas: éxito o fracaso. Será éxito si logramos lo que nos propusimos; fracaso, si no lo logramos. Entonces el destino lo determinamos nosotros y somos nosotros los que, en última instancia lo hacemos realidad. No en función de como nos vaya, sino de como seamos. Y seremos de acuerdo a lo que decidamos y no de acuerdo a como nos sintamos. El cómo me sienta no me define como persona exitosa o fracasada, sino el cómo decida y me aplique.
¿Hacia qué destino te diriges? ¿El que quieres o el que no quieres? Lo estás decidiendo en este y cada momento comenzando por la mentalidad que has adquirido y que permites que te identifique. Es con tu mentalidad con lo que habrás de comenzar si quieres prosperar o, mantenla igual si quieres decaer. Al final será lo que quieras por iniciativa o por omisión.
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