Cuando te encuentras en situaciones de gran tensión y presión, descubres las emociones tienen sus "límites" en el sentido de que no sólo no te sirven, sino que te complican el panorama. El estrés, el miedo, la tristeza..., no suelen ser estímulos para salir adelante -aunque pienso que podrían serlo- sino que pareciera que nos encajonan en la misma experiencia recurrentemente desgastante.
Por ello es necesario acceder a la dimensión espiritual de nuestro ser, dimensión en la que lo propio de ella es confiar. Confiar en un Ser Superior y en nuestras posibilidades, confiar en un contexto de amor y omnipotencia; confiar en que todo tiene un sentido último aunque no lo captemos. Confiar,confiar,confiar...y trabajar, seguir en movimiento.
"Trabajar como si todo dependiera de uno y confiar como si todo dependiera de Dios" Interesante...y atractivo ¿no?
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