Dios no nos necesita pues todo es plenitud en Él, más quiere amarnos y tal vez su perfección se deleite en nuestra imperfección, y nos ama tanto que su Palabra (Verbo) se encarnó por nosotros, a pesar de que no le íbamos a recibir ni a corresponder: “la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no lo recibieron” dice San Juan en su evangelio. A las tinieblas les da miedo la luz, tal vez por eso encontró oportuno “hacerse hombre”, encarnarse. Nos asusta lo que no identificamos, lo que no reconocemos, lo que no podemos explicar, lo que sabemos que no podemos controlar ni someter a nuestro dominio.
Dios se encarnó por amor, San Agustín nos explica: “Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios”. ¿Puede haber mayor interés por nosotros que ese? Toma la iniciativa y nos abre la brecha para poder intimar con Él. Y, ¿cuál es el camino para hacerlo? Guardando su mandamiento de amor y aprendiendo de su humildad y mansedumbre de corazón esforzándonos así, en parecernos cada vez más a Él.
¡Feliz Navidad!
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