Cuando nos sentimos mal solemos cometer el error de centrarnos en ello, en lo que sentimos y sólo para terminar sintiéndonos peor. Y se trata de un error porque el sentimiento no está diseñado para que nos centremos en él, sino para movernos a centrarnos en algo (o alguien) que va “más allá” de sí mismo que. o le da su razón de ser o lo invalida. Por eso, cuando nos sentimos mal hay que centrarnos en “los motivos” y no en el hecho en sí.
Y con respecto a los motivos hay tres posibilidades: puedo hacer algo al respecto, no puedo hacer nada al respecto o no son objetivos (reales). Si puedo hacer algo al respecto, entonces nos sentiremos mejor en la medida en que concretemos pensamientos y acciones para remediarlo, si simplemente nos limitamos a lamentar nuestra situación no haremos más que incrementar la intensidad de aquellas emociones que nos generan sufrimiento.
Si no podemos hacer nada al respecto, entonces mejoraremos nuestra situación en la medida en que la aceptemos y le encontremos “un sentido” a vivir con ello. Conviene concentrarnos en el provecho que podemos sacar y en el posible beneficio para otros al aprender a vivir con eso que nos lastima, que no podemos cambiar. Ese sentido viene dado por nuestra determinación de vivir del mejor modo posible a pesar de la presencia del dolor, de la pérdida o de la frustración del fracaso.
Si descubrimos que no tenemos razón de sentirnos mal y que sí lo hacemos es por nuestra imaginación o soberbia, entonces hay que rectificar la intención y plantearnos vivir de una forma más humilde y desprendida.
Sentirse bien o mal es un indicador sobre cómo "estamos siendo", no la razón de ser de nuestra existencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario