Existe un principio que nos plantea que “aquello en lo que nos centramos crece” y que en otras palabras significa que, aquello en lo que centramos nuestra atención terminamos por hacerlo realidad de algún modo. El principio se aplica tanto para lo positivo como para lo negativo en nuestras vidas, lo que nos sitúa frente a una gran paradoja: la de hacer realidad aquello que queremos o aquello que tememos.
El ser humano cuenta con un poder creador increíble que surge de su atención.; si está centrado en sus problemas, estos crecen; si se centra en alguna fobia, ésta se acentúa; si se centra en la posibilidad de que una relación termine, terminará.
¡Qué paradójico que seamos nosotros mismos los que hagamos realidad un estilo de vida que no queremos, que tememos, que despreciamos! Contamos con una triste capacidad para sabotear nuestros planes y sufrir. Nuestra angustia frente a lo que puede pasar nos tensiona de tal manera que nos volvemos presa fácil de aquello que se requiere para que suceda precisamente lo que no queremos.
Y cuando nos termina sucediendo aquello que más tememos debido a una profecía de autocumplimiento, nuestra angustia se ve reforzada con lo que nos volvemos aún más vulnerables y eso nos genera mayor angustia formándose así un círculo vicioso difícil de romper. La solución: identificar lo que sí queremos y pensar en ello una y otra vez sin importar que los pensamientos sobre lo que no queremos persistan. En definitiva, no se trata de dejar de pensar en negativo (lo que tememos), sino comenzar a hacerlo consistentemente en positivo (lo que queremos).
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