No cabe duda de que una de las manifestaciones más claras de falta de libertad es la postergación: ese recurrente no decidirse o retrasar las cosas que tenemos que hacer y que atormentan muchas veces el ánimo y nos hacen presa de la desgana y la inquietud. Seré una persona más libre en la medida en que sea más capaz de traducir mis pensamientos en acciones, cuando llevo a la práctica lo que determino en la teoría. Y esto es una cuestión de congruencia personal que es la antesala de la integridad de vida. No puedo ser íntegro si no soy congruente, y no lo seré si no cumplo mis promesas y propósitos. Por eso la postergación es tan dañina para la autoestima, porque en la medida en que más pospongo mis decisiones y realizaciones, más mal me siento conmigo mismo y por consiguiente, más inseguro.
La gente se puede pasar la vida esperando que le den ganas de limpiar el armario, hacer la conciliación bancaria, leer un buen libro (o de perdida uno malo) , ponerse a estudiar, platicar con los hijos, la pareja, etc. Acciones que, dicho sea de paso, suelen ser desagradables por naturaleza.
Esto nos conduce a una aseveración interesante del Dr. Burns: “La gente exitosa sabe que la acción es lo primero, no la motivación”. Las cosas hay que hacerlas, tengamos ganas o no y por eso es importante desarrollar la suficiente fuerza de voluntad. En palabras del famoso adagio chino: “un viaje de mil kilómetros comienza con el primer paso”. La voluntad no es ajena a la motivación más conviene que guarde cierta distancia de ella para que deje de depender de ella, ¿no crees?
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