Existen tres falsas razones para no triunfar en la vida. La primera de ellas la podríamos denominar el enfoque idealista. Dicho enfoque lo tienen las personas que consideran que los que alcanzan el éxito son aquellos que se sienten seguros de sí mismos, que no les cuesta mayor trabajo alcanzar sus metas, que no enfrentan la duda ni saben lo que es la frustración y el fracaso. Pero este enfoque es irreal. Lograr metas personales es estresante. De ordinario se tienen que superar obstáculos y enfrentar caídas si se quiere obtener algo en la vida. La vida no es fácil y no suele salir adelante quien no ha ejercitado su libertad sabiendo renunciar a lo placentero y cómodo cuando haga falta.
La segunda razón es el habitual miedo a fracasar y es propia de quienes prefieren no intentar algo con tal de no tener que enfrentar la “vergüenza” y el desasosiego por no lograrlo. Y ante semejante postura cabría plantearse: “y ¿el no intentarlo siquiera no es un fracaso en sí mismo?”
La tercera tiene que ver con el afán perfeccionista a la hora de plantearse las cosas. Nos hemos formado en un ambiente de competencia y rivalidad por lo que pensamos que hemos de hacer lo que haga falta para ser "el mejor". Lamentablemente se pierden de vista dos aspectos que hacen relativo este planteamiento. El primero es el hecho de que no se puede ser el mejor en todo, y con frecuencia, no es posible serlo en nada. Ciertamente podemos (y debemos) llegar a plantearnos ser muy buenos en algo, o inclusive de los mejores, pero no hace falta necesariamente ser el mejor. El segundo aspecto a considerar es que mientras más perfeccionistas nos volvemos, más nos estresamos y peor nos va, al menos en términos de rendimiento y calidad. En verdad que hay situaciones en las que nos conviene trabajar bajo presión para obtener lo mejor de uno mismo, pero de ordinario seremos más creativos y productivos en la medida en que nos sintamos relajados como consecuencia de unas expectativas más modestas y realistas (sin rayar en la mediocridad por supuesto) sobre nuestro desempeño personal.
Triunfar pues requiere de renuncia, valor, constancia y "humildad" para ser flexibles y rectificar cuando haga falta. En definitiva, no hay razones para no triunfar, sólo excusas.
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