La realidad es mucho más rica y compleja que lo que solemos percibir de ella. A toda situación o estado corresponde una contrapartida y con frecuencia cometemos el error de limitarnos a percibir sólo una parte. Cuando hablamos, por ejemplo, de una enfermedad, es porque podemos concebir la salud; cuando hablamos de la tristeza podemos plantearnos la posibilidad de estar alegres; la noche hace referencia al día y el día a la noche..., siempre dos caras de una misma moneda, dos opciones frente a una realidad: salir adelante o rendirse.
La visión de conjunto contempla y anticipa con amplitud cualquier situación. Evita el reduccionismo que nos conduce a la suposición y la exageración y permite que observemos el cuadro completo de una realidad que pudiera parecernos insuperable o infranqueable. Carecemos de esta visión cuando nos detenemos en un plano de la situación y no contemplamos las opciones que podemos generar o las oportunidades que se nos presentan. Nos enredamos con el problema y no nos centramos en la solución.
Si enfermamos por ejemplo, nos comenzamos a centrar en los síntomas y el dolor que nos provocan, en lo desdichados que nos sentimos al no contar con la plenitud de nuestros recursos y en los problemas y contrariedades que nos generan. Y la pregunta que la visión de conjunto nos lleva a formularnos es: ¿no es mejor centrarse en el remedio más que en el mal? Es precisamente la posibilidad de mejorar nuestra situación la que ha de motivarnos al cambio y poner los medios para superar la adversidad. Es gracias a los momentos malos cuando tenemos la oportunidad de valorar y disfrutar mejor aquello que podemos obtener con persistencia y esperanza.
Pero cuando nos sentimos mal (física y/o emocionalmente), lo único que nos preocupa es el hecho de sentirnos mal y no tanto lo que necesitamos hacer (cambiar) para dejar de sentirnos así. La naturaleza no se equivoca, y cuando genera cataclismos es en pro de la vida. La muerte de ciertos seres genera la vida de otros, la oposición entre climas garantiza el desarrollo de los diversos ecosistemas. Cuando algo “sale mal” en el orden natural es porque algo va a “salir mejor como consecuencia” en otro orden (como el espiritual)o en el mismo orden inclusive.
La visión de conjunto nos ha de llevar a considerar el amplio abanico de opciones que se nos presentan cuando las cosas van mal en ciertas etapas o aspectos de la vida. Y, al elegir una opción, comenzar a mejorar nuestra situación en lugar de conformarnos con simplemente quejarnos. Parafraseando un dicho inglés: cuando las cosas se pongan duras, habremos de “ponernos duros” para sacar adelante las cosas.
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