jueves, 16 de diciembre de 2010

La Vida como Responsabilidad

Mucho se habla de que hay que “disfrutar la vida”, de que hay que “saber vivir” y “estar en el momento”. Y se plantea en un contexto en donde muchos viven como víctimas de la depresión, la amargura y el miedo. Cada vez son más los que engrosan las filas de los que quieren ser felices a toda costa y sentirse bien “con ellos mismos”. Por supuesto, nadie les reprocha esa búsqueda pero llama la atención que lo logren tan pocos y por tan poco tiempo. La gente vive entonces enfocada en el placer o en el poder sobre los demás pensando que es el modo de alcanzar la felicidad en esta vida.
Ciertamente no se le puede reprochar a nadie que busque ser feliz, pero no vendría mal llamar su atención con respecto al modo que pretende serlo. Considero que cada uno de nosotros ha vivido lo suficiente para darnos cuenta de que la felicidad no se puede lograr como un objetivo, sino que se da como una consecuencia, la consecuencia de vivir de una manera responsable.
Y ¿qué significa vivir de una manera responsable? Pues significa vivir de una manera “comprometida” con un ideal personal que le de sentido a nuestra existencia. La felicidad no se logra en abstracto, sin referirla a una misión personal que nos empeñamos en cumplir día con día. Esto implica, por un lado, darnos cuenta de que nuestra valía personal se fundamenta en el hecho de que somos únicos e irrepetibles y, por otro, ser concientes de que hemos de tomarnos muy en serio el marcar una diferencia positiva en la vida de los demás.
Nuestra valía personal se fundamenta en nuestra dignidad de persona (imagen y semejanza de Dios) que se traduce en una capacidad para crear, redimir y ennoblecer nuestra propia vida; y nuestra posibilidad de marcar positivamente la diferencia en la vida de los demás se fundamenta en nuestra capacidad para crear, redimir y ennoblecer la vida de los demás.

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