El tiempo es un recurso del que todos disponemos por igual. Todos contamos con días de 24 horas, horas con 60 minutos y minutos con 60 segundos, ni más, ni menos. Si todos contamos con la misma cantidad de tiempo (en el momento presente, pues lo que no es igual para todos es el tiempo que nos quede de vida o el que ya hemos transcurrido), entonces la gran diferencia en la vida de las personas tiene mucho que ver con la manera en que hacemos uso de él. Cierto es que no contamos con las mismas habilidades para hacerlo rendir por igual, pero definitivamente todos tenemos la posibilidad de aprovecharlo al máximo. Y considero que aquí se encuentra la clave del “éxito” de muchos: en la manera en que aprovechan su tiempo.
Esto nos sitúa frente a un serio compromiso, nos plantea una gran responsabilidad con respecto al modo como empleamos cada uno de nuestros días. El poder de una persona se centra en lo que es capaz de hacer..., en lo que termina haciendo de su vida a cada momento. Cada día que transcurre estamos haciendo o deshaciendo algo que repercutirá en nuestra calidad de vida a futuro. Somos libres y hoy por hoy nos dedicamos a hacer aquello que es fruto de una elección personal surgida de la propia iniciativa o de una insensata omisión. Por ello, la cuestión del tiempo nos remite a dos preguntas: ¿Vale la pena lo que hago? ¿Hago todo lo que puedo?
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