Cuando nos planteamos un destino y establecemos la ruta a seguir corremos el peligro de desviarnos y no llegar. La comodidad, el desorden, la desconfianza o el desánimo se convierten en fuertes obstáculos para perseverar de tal manera que podemos no llegar a nuestro destino. Se requiere entonces de disciplina. Seguir una disciplina implica estar dispuestos a vivir una secuencia de renuncias para avanzar en el trayecto y no caer en el "canto de las sirenas" y sucumbir.
La disciplina es el ingrediente esencial del éxito, perseverar y resistir hasta triunfar. No se nace con ella, se adquiere con tenacidad y sin excusas. No todos tenemos los mismos dones y aptitudes más sí la posibilidad de desarrollar disciplina así que, a fin de cuentas, es cuestión de elección personal.
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