Cuando experimentas cansancio físico y mental conviene llevar las cosas con más calma y confiar más en Dios y su Providencia. Por lo regular nos estresamos más cuando estamos cansados y nos tomamos a pecho las cosas, lo que complica el cuadro. Cansarse es algo natural y más en nuestros días en los que las presiones económicas y familiares se han acentuado más que en otros tiempos.
Cuando la marcha se ha vuelto más forzada es importante reducir la intensidad - y en la medida de lo posible el ritmo- con la que hacemos las cosas. No desesperarse y evidentemente buscar más ocasiones para descansar aunque sólo sean pequeñas pausas a lo largo de la jornada. Al reducir el ritmo y la intensidad, poco a poco las aguas volverán a su cauce. Y finalmente no "exagerar" la experiencia del cansancio pues si bien se trata de un estado desagradable que causa malestar, no significa que nos imposibilite para seguir haciendo lo que tenemos que hacer, simplemente lo dificulta.
Claro que hay que extremar precauciones en especial si me maneja algún tipo de herramienta o maquinaria que requiere de nuestra atención y cuidado, pero no hay que perder la calma ni alarmarse por no encontrarse "en sus cinco", el cansancio es algo que tiene remedio y se puede superar.
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