Así describía Santa Teresa de Ávila a la imaginación y me parece que con mucho tino. La imaginación anda de arriba a abajo y no se está quieta. Crea una infinidad de representaciones internas que pueden ir de lo más divertido a lo más dramático. Y el problema no es ese, no el que nos genere esceneraios dramáticos sino que nos los creemos. Bien haríamos en no darle tanto crédito a la loca de la casa e invocar a la razón para que medie ante las fantasiosas pretensiones de la imaginación y la contundencia de la realidad que en ocasiones puede no gustar.
Por otro lado, la imaginación puede sernos de gran utilidad, es cuestión de disciplina. Si se requiere de disciplina para aprender, para trabajar, para ir al gimnasio, para comer bien...¿por qué no se habría de requerir para entrenar a nuestra imaginación? Así que, dispón de 10 minutos al menos 1 vez al día para cerrar tus ojos y ponerte a imaginar todo lo que puedes lograr ser y que aun no eres, todo lo que puedes lograr sentir y aun no sientes, todo lo que podrías hacer y aun no haces, todo lo que podrías tener y aun no tienes...
No hay comentarios:
Publicar un comentario