¡Qué poderoso es compartir! En días recientes he podido contactar a amistades de las que no sabía nada -o muy poco- desde hace cerca de 25 años, gracias a las redes sociales. Y el sólo contemplar sus fotos me trasladó a aquellos maravillosos momentos de la época de la preparatoria. ¡Cuántas aventuras y ordinarias actividades compartimos!
Compartir es un fuerte adhesivo para el alma humana, al grado de que pueden pasar décadas y seguir sintiendo un gran vínculo con las personas con las que compartiste algo duradero o algo intenso..., o ambas. Pienso en las familias y en las organizaciones laborales de nuestros días...¿qué comparten hoy? ¿Sentirán nostalgia cuando, años después, contemplen los recuerdos de convivencia con sus "iguales"? ¿Experimentarán nostalgia por lo que ya pasó? ¿O alivio?
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