¡Qué impresión que el miedo más grande que naturalmente podemos experimentar -el miedo a morir- se convierta para algunos, en mejor opción que la vida misma! Tristemente se están perdiendo motivos para vivir, y no porque no los haya, sino porque "no se encuentran". Y muchas veces no se encuentran porque se ha perdido "profundidad" en nuestras vidas.
Vivimos en la superficialidad, en la superficie inestable del consumo material y "emocional"; cada vez importa más el cómo nos sentimos que el cómo seamos, se comporta uno más en función de un estado de ánimo que de un código de honor. Sólo se le da sentido al sentirse bien, no al ser mejor.
Darwin señalaba que sólo las especies que se disponen a adaptarse a los cambios y exigencias de su entorno sobreviven, tal vez ahora diría que la especie humana sólo puede sobrevivir si "trasciende" su entorno.
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