Cuando condicionamos el amor que "entregamos" a otros con expectativas de obtener algo a cambio, matamos la esencia del verdadero amor. Y no nos referimos solamente al hecho de buscar obtener algún beneficio a cambio de lo que damos, sino también al hecho de pretender que el ser "amado" se "acople" a nuestras percepciones y preferencias, que se haga a "nuestro modo".
Vivimos una época de consumismo, el consumir es lo prioritario y nuestras relaciones más íntimas no están exentas de ello; las "consumimos" y esperamos que nos reporten placer y bienestar como cualquier otro "bien de consumo".
Sí, hay amores que matan y otros que necesitamos "resucitar", y para lograrlo, hemos de morir al egoísmo y, con desprendimiento ser consecuentes con ese amar que Jorge Bucay define como "la desinteresada tarea de crear el espacio para que el otro pueda ser quien es".
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