El poder personal consiste en lo que se es capáz de hacer (o de renunciar) para realizar lo valioso en nuestras vidas. Y dicha capacidad viene determinada por nuestra "disposición interior" por un lado, y nuestra "fuerza de voluntad" por otro. Para la primera se requiere de humildad; para la segunda, de reciedumbre.
La humildad exige que dejemos de pretender ser nuestro propio centro de atención y el de los demás; la reciedumbre exige que nos sobrepongamos a nuestro miedo y comodidad. Dorothy Thompson lo describe muy bien cuando afirma:
“El valor es nada menos que el poder de sobreponerse al peligro, el infortunio, el temor y la injusticia, y seguir al mismo tiempo afirmando interiormente que la vida, pese a todas sus penas, es buena; que todo es significativo aun cuando se trate de un sentido superior a nuestra comprensión; y que siempre hay un mañana”.
El valor al que ella hace referencia no es otra cosa que el "poder personal" del que hablamos. Es importante resaltar el cómo lo plantea en términos de un "sobreponerse" (ponerse por encima) a la adversidad (en especial la emocional) y no en términos de un pretender ignorarla o eliminarla. Resulta pues que el verbo clave es el de "sobreponer", poner nuestra voluntad por encima de nuestro sentir; poner nuestro actuar por encima de nuestro preocupar; poner nuestra determinación por encima de nuestra postergación; poner nuestra confianza por encima de nuestro temor.
Y el que busca sobreponerse no pretende que su temor o comodidad desaparezcan. Lo que decide es "no darles importancia" (y, al no dársela, restarles su poder negativo sobre nosotros) y actuar de cualquier modo. Y un actuar comprometido y no simplemente forzado por las circunstancias. Compromiso que se adquiere con un disposición interior positiva y fecunda, no negativa y estéril, disposición que se fundamenta en lo que se puede ganar y no en lo que se puede perder; disposición que evalúa la realidad en términos de su valor intrínseco (aunque la comprensión de su sentido pueda, en ocasiones, estar fuera de nuestro alcance) y no de la mera conveniencia personal.
Todos somos poderosos pero no todos ejercen su poder...les falta humildad y reciedumbre. ¡Qué pena!, pues ambas son resultado de una intención y decisión personales y no de un "don" especial. ¡Qué no nos sorprenda entonces que hayan tantos fracasados y pocos que, verdaderamente, han descubierto que en realidad "todo es significativo...y que la vida es buena".
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