En algún momento de nuestra vida nos puede surgir la inquietud sobre cuál pudiera ser la razón de nuestra existencia. Solemos encontrarnos en un estado de inconsciencia mientras desempeñamos nuestras tareas ordinarias por lo que las cuestiones existenciales, no suelen preocuparnos (ni interesarnos) demasiado. No obstante, la pérdida de un ser querido, el rompimiento de una relación importante para nosotros, un despido laboral, una efermedad o accidente nos pueden cimbrar interiormente de tal manera que se genera una conexión "involuntaria" con lo importante. En ocasiones, la frustración y el cansancio nos mueven a preguntarnos sobre lo que pudieramos estar haciendo mal o lo que nos convendría cambiar en nuestra vida y nuestra persona.
Como sea que se genere ese "acto de conciencia" con lo profundo y significativo, la verdad es que nos confrontamos con la realidad del "misterio del sentido de la vida". "¿Para que existo?" "¿Quién soy?" "¿Qué propósito tiene mi vida?" , en otras palabras nos preguntamos: "¿De que se trata la vida?" Pregunta sin duda fuerte...e interesante a la vez. La vida necesariamente se trata de algo y, en el caso del ser humano, se trata de un "algo" que es una especie de dualidad entre la libertad y las circunstancias, entre lo que uno quiere y lo que a uno le sucede, entre lo que determina y lo que condiciona. El vivir como verbo se asocia indiscutiblemente con la conjugación de una infinidad de otros verbos: aprender, crecer, trabajar, amar, perdonar, comer, caminar...lo que implica que la vida, contemplada así, se trata de una inmensa variedad de opciones; ¿cuál de ellas es la mejor? ¿Cuáles tienen más sentido? Pienso que todas estas opciones lo tienen ai bien algunas veces lo identificamos y otras no. Lo importante como quiera es que la vida se ha de tratar de que, haga lo que haga, esté con quién esté, me suceda lo que me suceda..., yo sea el mejor "yo" posible.
"Ser o no ser, esa es la cuestión" afirmaría el dramaturgo inglés. Y sí, esa es la cuestión. Vivir se trata de ser y el ser es algo que nos corresponde, no en el sentido ontológico de la existencia (pues tengo el ser por voluntad divina), sino en el sentido antropológico de mi "modo" de ser. Cómo decidas ser es de lo que se trata la vida; se trata de aquello que puedes aportarle al universo con tu existencia única e irrepetible, aquello que hace original tu convivencia con otros: la vida se trata de una conquista personal que beneficie a los demás.
Se trata en definitiva de amar o, mejor dicho, de hacerlo todo por amor. Y habrás de descubrir tu forma personal de amar de acuerdo a tus talentos especiales. Amar es una gran tarea (y no simple sentimiento) que cobra la forma del servicio y un servicio alegre, delicado y, porque no, hasta simpático. Por eso tiene sentido la afirmación que se le atribuye al obispo de Hipona y que constituye una gran guía para nuestra vida, en un mundo inmerso en la indolencia y el egoísmo: "ama..., y haz lo que quieras".
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