En el proceso de crear abundancia, creer que es posible lo que queremos es de suma importancia. Muchos podrán visualizar lo que quieren que se haga realidad, pero en el fondo no creerlo posible. Y esto porque, entre otras cosas, pensamos que lo que más nos ilusiona necesariamente tiene que costar mucho trabajo o simplemente se trata de algo "que no merecmos". Entonces nos desanimamos y frustramos. De entrada el subconsciente rechaza todo lo que se asocie al sacrificio y el esfuerzo o aquello que genere culpa; nos impacientamos y desesperamos cuando nos planteamos lograr algo y no sucede en el tiempo que nos gustaría, por lo que terminamos cediendo ante la tentación de creer que lo que queremos no es posible.
Las creencias no son más que premisas de las que partimos para llegar a conclusiones concretas. Premisas del tipo: "todos los hombres son iguales", "la riqueza es mala", "es muy difícil cambiar"...son los que nos llevan a "decretar" la posibilidad o no de lo que nos proponemos. Y el problema es que dichas premisas de ordinario no son "reales", las hacemos reales a través de lo que suponemos mentalmente, siendo nosotros responsables al no cuestionarlas. El poder de una creencia radica precisamente en su no cuestionamiento, así que las comenzamos a "debilitar" cuando las cuestionamos y nos abrimos a nuevas opciones. Cuando buscamos con constancia y determinación nuevas opciones, podemos conseguir inclusive que se cristalice una nueva creencia, más capacitadora y alentadora.
Si "querer es poder", "creer es lograr"; por ello, en el proceso de crear abundancia, un paso importante es identificar las creencias que fomentan la escasez en nuestra vida, acto seguido, cuestionarlas para finalmente abrirnos a nuevas opciones y generar nuevos enunciados que se convertiran a su vez en la estructura de nuestra nueva creencia, pues tal como afirmara Anton Chejov: "el hombre es lo que cree".
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