martes, 18 de agosto de 2009

Creando Abundancia (III) La Creación Mental

Todo lo que terminamos haciendo realidad comenzó en nuestra mente..., lo bueno y lo malo. La estructura de nuestra creación mental la constituyen nuestros pensamientos y nuestras imágenes (imaginación). Ambos constituyen las semillas que, una vez insertadas en el subconsciente, es cuestión de tiempo antes de que den fruto en la realidad. Nuestra mente es el preámbulo de la realización de aquello que más queremos y de aquello que más tememos. Por ello es una gran responsabilidad ejercitar nuestra mente en el sentido de nuestros deseos y aspiraciones, y no permitir que se desarrolle en términos de nuestros temores y preocupaciones.
El primer paso consiste en la elaboración cuidadosa de los pensamientos que queremos "dominen" nuestra mente. Hay que reflexionar sobre los enunciados de los pensamientos con los que queremos ejercitar nuestra mente. No es lo mismo pensar por ejemplo: "me gustaría que la vida fuera más fácil", a pensar: "dispongo de los recursos internos necesarios para lograr lo que quiero". La carga emocional que produce cada uno de ellos es radicalmente distinta y, por lo mismo, sus resultados también. "Atraer" todo lo bueno que la vida puede ofrecerme requiere que yo viva en una constante "carga positiva" que se refleje en mi actitud habitual en mi trabajo, en mi descanso y en mis relaciones. Por ello te invito a escribir los enunciados de los pensamientos que tendrían un significativo impacto en las circunstancias actuales en las que te encuentras.
El segundo paso consiste en la repetición constante y suficiente. Los músculos se desarrollan con la "resistencia" y la "persistencia" y lo mismo ocurre con la mente. Persisitir en repetirse con insistencia los enunciados de los pensamientos que acordamos en el paso anterior, a pesar de la "resistencia" de los pensamientos negativos que nos vienen sin invocarlos.
Y el tercer paso, "intensidad". Este es simultáneo al anterior, por lo que la cuestión radica en repetir esos pensamientos con "garra", con "fuerza", con "coraje"..., en una palabra: con "convicción". Solemos subestimar el poder de la intensidad y hasta podemos llegar a sentirnos ridículos, podríamos sentirnos como sargentos gritándole a los reclutas. Sin embargo, la pura repetición sin intensidad no basta, no alcanza, no "transforma". Repítelos en voz alta, grítalos, ¡cántalos! si quieres y genera intensidad. Recuerda que la insistencia y la intensidad (ambos producto de la "convicción") ponen en marcha "a la Providencia".
Así que, haciendo un recuento: primero deseo, luego fe y finalmente repetición intensa e intensiva de pensamientos e imágenes orientados a la realización de lo que queremos...y en abundancia.

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