A cada quién nos toca vivir de un modo específico, pues a cada quién nos toca elegir una personal respuesta frente a lo que nos sucede. Varios podemos compartir las mismas experiencias pero no compartir el mismo significado en cada experiencia, aunque sean las mismas. Eso es algo que descubrimos en la intimidad de nuestro corazón. Y en el fondo ese significado dependerá de nuestra amplitud de miras, de nuestra autotrascendencia y de nuestra libertad interior.
Lo primero, la amplitud de miras. Desarrollo esta amplitud cuando me dispongo a no centrarme tanto en el problema cómo en las opciones que tengo para resolverlo. Cuando soy capaz de valorar los opuestos y contemplo los avatares de la vida con visión de conjunto. La amplitud de miras me genera apertura para aprender y generar el cambio que haga falta a lo largo de mi vida. Cuando observo los acontecimientos con estrechez, me enredo y me complico. Cuando en lugar de buscar opciones me pongo a buscar culpables, cuando percibo la vida como un juego en el que necesariamente para ganar, alguien tiene que perder, entonces la escasez y la pusilanimidad inundan mi vida.
Luego, la autotrascendencia, la disposición a salirme de mi mismo para entregarme a una causa o una persona. La cuestión aquí radica en el desprendimiento de lo que pueda lograr para mi y centrarme más bien en lo que pueda hacer por los demás. Entonces la "aportación" se sobrepone a la “recaudación”. Cuando busco dar lo mejor de mí, tarde o temprano termino recibiendo lo mejor de los demás y del universo mismo.
Finalmente, nuestra libertad interior. Esta se caracteriza por mi autonomía frente a mis debilidades y las debilidades de los demás así como las imperfecciones de mi entorno. Soy libre cuando elijo mi respuesta en función de lo correcto y no de lo simplemente placentero; cuando determino lo que quiero y pongo los medios para lograrlo. Mi libertad crece cuando traspaso mis propios estados de ánimo y los de los demás en función de lo que considero más importante y valioso en la vida.
Lo que nos toca vivir muchas veces no es fruto de nuestra elección personal, pero siempre lo será la manera en que reaccionamos, y lo que obtengamos de lo positivo y negativo es cuestión de actitud y carácter. La vida pues, no habremos de medirla en términos de eficiencia sino en términos de fecundidad. Cuando soy eficiente genero los resultados que pretendo o los demás esperan de mí, pero cuando soy fecundo genero además la capacidad de transformar lo negativo en una oportunidad y lo doloroso en una conquista, cuando soy fecundo, "alguien más se beneficia en términos de transformación personal".
No siempre obtendré lo que quiero, pero siempre dependerá de mí querer o no lo que obtengo.
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