martes, 30 de junio de 2009

La Gran Paradoja

Existe un principio que nos plantea que “aquello en lo que nos centramos crece” y que en otras palabras significa que, aquello en lo que centramos nuestra atención terminamos por hacerlo realidad de algún modo, lo que hoy se conoce como la "ley de la Atracción". Y el principio se aplica tanto para lo positivo como para lo negativo en nuestras vidas, lo que nos sitúa frente a continuas paradojas como la de hacer realidad aquello que tememos a base de pensar tanto en ello.

El ser humano cuenta con un poder creador increíble que surge de aquello en lo que tiene centrada su atención. Si está centrado en sus problemas, estos crecen; si se centran en alguna fobia, ésta se acentúa, si se centran en la posibilidad de que una relación termine, por supuesto que terminará.

¡Qué paradójico que seamos nosotros mismos los que hagamos realidad un estilo de vida que no queremos, que tememos, que despreciamos! Y sin embargo así es. Contamos con una triste capacidad para sabotear nuestros planes y sufrir innecesariamente. Nuestra angustia frente a lo que puede pasar nos desgasta de tal manera que nos volvemos presa fácil de aquello que se requiere para que suceda lo que no queremos.
Y cuando nos termina sucediendo aquello que más tememos debido a nuestro desgaste, nuestra angustia se ve reforzada con lo que nos volvemos aún más vulnerables y eso nos genera mayor angustia, formándose así un círculo vicioso difícil de romper.

Difícil..., más no imposible. Se requieren sólo de tres pasos para terminar con esta pesadilla:
1) Qué se desee y proponga lo que más se teme con un gran sentido del humor (como burlándonos de nuestros temores). La fuerza contraria al temor es el deseo, y con esta estrategia lo que se busca es cancelar lo negativo con positivo. Claro está que se trata de "ridiculizar" nuestros temores "ridículos", que no tienen fundamento real sino que son fruto de la obsesión.
2) Qué nos centremos en aquello que SI queremos. Cabe subrayar aquí que nos hemos de proponer (con la consciencia y persistencia que implica) pensar el mayor tiempo posible en lo que queremos pues no será un proceso automático. Hay que generar el hábito.

Parecieran soluciones simplistas pero en realidad no lo son. Cuando seguimos estos pasos comenzamos a guardar distancia de nosotros mismos y lo que nos preocupa, como si no estuviéramos involucrados en la situación que nos angustia. Y al hacerlo así, logramos romper con lo que el Dr. Frankl denominaría la "espiral de la angustia", cuyo poder destructor radica más en lo que esperamos que pueda suceder qué en lo que en realidad llega a suceder.
El miedo suele paralizar y al plantearnos que suceda aquello que nos angustia, realizamos una de las mayores acciones liberadoras en nuestra vida, la de no darnos demasiada importancia y contemplar la vida como una aventura que, si bien es riesgosa, también llena de posibilidades y oportunidades.

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