lunes, 6 de abril de 2009

Revivir lo Mejor

Es de antaño aquel viejo anuncio de televisión cuyo slogan era: "recordar es volver a vivir". Efectivamente, cuando recordamos, no sólo "rebobinamos" en nuestra mente una secuencia determinada de imágenes, sino que también "reexperimentamos" una secuencia determinada de emociones y sensaciones...gozosas o dolorosas. Así que me ponía a considerar hace unos días: "¿por qué no dedicarnos de manera persistente a recordar los mejores momentos de nuestra vida?" "¿Por qué limitarnos al involuntario, recurrente y doloroso devenir de momentos negativos y desagradables de nuestro pasado?" "¿Qué tal si nos proponemos todos los días dedicar unos momentos a simplemente recrear al menos uno de los mejores momentos de nuestra vida?"
Se me ocurre pensar que semejante ejercicio no puede más que generar experiencias y disposiciones sumamente favorables y positivas en nuestra vida. Pues, así como un recuerdo doloroso puede llegar a sumirnos en el decaimiento - y hasta la depresión y coraje- por el simple hecho de traerlo a nuestra mente, también el recuerdo afortunado de alguno de nuestros mejores momentos en la vida puede inyectarnos energía y movernos a la gratitud continua...¿no crees? Y si a lo largo de nuestra jornada lo actualizamos en esos "tiempos muertos" seguro podemos extender (y multiplicar) su influjo positivo en nuestro ser, hasta que se vuelva lago habitual sentirnos así. Y al mantener esta experiencia de gozo a lo largo del día, ¡seguro que nos mantendremos en ese tipo de energía positiva - e intensa- que luego atrae lo mejor de cada momento a nuestra existencia!
Pues no sé tú, yo pienso llevarlo a la práctica a partir de ahora. Primero, identificar (y anotar) para cada día de mi semana un momento espectacular de mi vida y recordarlo de manera reiterada varias veces al día. Segundo, darle gracias a Dios por haber tenido la oportunidad de haberlo vivido y disfrutado, aunque sólo haya sido por un breve tiempo en mi pasado. Y, tercero, abrirme con ilusión y alegría a las sucesivas experiencias de gozo que seguramente este estado de alegría y gratitud, atraerán hacia mi presente en el futuro cercano.
¿Por qué no hacerlo?

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