Sin duda alguna que uno de los grandes obstáculos para el crecimiento personal es nuestra habitual disposición a complicar las cosas. Expresiones comunes del tipo: "es que es muy difícil", "no sé como hacerlo", "me cuesta mucho trabajo", "no entiendo", etc. nos indican más una predisposición negativa que una realidad adversa insuperable. El no ver las cosas como son (con una percepción objetiva y neutral) y aceptarlas como se presentan, alimentan nuestra soberbia y, con ella, la capacidad de complicar las cosas. Es entonces cuando circulan por nuestra boca los fatídicos (e irreales) "siempre", "nunca", "todo" y "nada" que suelen generar pesadas cargas emocionales y no conducen a una solución de un problema o la superación de un desafío, sino a la crítica, a la queja, al lamento y a la reacción impulsiva que suele empeorar las cosas y generar desgaste.
Complicamos las cosas porque nos resistimos a la renuncia del propio yo: insistimos en que las cosas sean como las vemos, en que los demás se comporten como queremos, en que las cosas se arreglen a nuestro modo y la verdad es que eso simplemente "no es posible". Volverlo simple significa que nos centramos en la respuesta más sensata para el desafío que enfrentamos...sin "exagerar". Por ejemplo, si someternos a un determiando régimen alimenticio es conveniente para nuestra salud, pues lo seguimos "y ya", sin complicaciones referentes a lo difícil, injusto o desalentador que pudiera ser. Claro está que tal vez exclames: "¿Así de fácil y ya?" "¡Sí, como no!" "¡Eso no es posible!" A lo que pregunto: "¿Por qué no?" "¿Qué lo hace tan difícil?" Y la respuesta de fondo no puede ser otra que: "el hábito"..., o "¿Crees que hay algo más?"
Así que la clave radica en el "hábito"...y ¿qué es un hábito? Veamos como lo define la Real Academia de la Lengua: "Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas". Interesante. Un hábito es "simplemente" una predisposición a proceder de cierta forma producto de una repetición de actos o de instintos. Bien, ¿puede haber algo más simple que esto? Entonces la cuestión radica en que si queremos hacer de nuestra vida algo más gratificante, hemos de cambiar aquellos hábitos que la hacen miserable. Y el primer punto consiste en identificar aquellos hábitos que hacen de mi vida algo miserable.
¿Qué es aquello que sabes que necesitas cambiar urgentemente? ¿De qué se suelen quejar los demás sobre tí? ¿Qué formas de proceder - o reaccionar- de tu parte te hacen infeliz a tí y a los tuyos? Igual da si estas formas proceden de tus instintos o de tus repeticiones acumuladas a lo largo del tiempo. Lo importante es que las puedes cambiar...¡si quieres! La clave radica en generar "nuevos modos de proceder" y traducirlos a acciones concretas cuya repetición en el tiempo te garantizarán el éxito, pues habrás adquirido "buenos hábitos". Y hay que comenzar por "identificar" las opciones que te permitirán concretar las acciones del cambio. He aquí los pasos:
1. Identifica el mal hábito que quieres cambiar. Por ejemplo, supongamos que quieres cambiar el mal hábito (común, por cierto) de posponer las cosas y dejarlas para después, el hábito de la "postergación". Como diría Cervantes: "por el camino del después se llega al destino del nunca".
2. Determina las opciones que tienes para dejar de postergar. Por ejemplo, podrías plantearte comenzar por algo "simple", como pudiera ser el de no salir de tu recamara sin haber guardado la ropa y/o tendido tu cama. O pudiera ser que establecieras un día y hora fijos a la semana que vas a destinar a atender cierto tipo de pendientes como pudieran ser: hacer la conciliación de tu cuenta de cheques, acomodar tu clóset, responder correos o lo que fuera. Como podrás observar, al determinar opciones puedes concretar acciones para adquirir - con su repetición- un nuevo hábito, en este ejemplo, el de la diligencia que se opone al de la postergación.
3. ¡Házlo ya! Y no dejes de hacerlo hasta que adquieras el hábito, pues como afirmara Zig Ziglar: "ten cuidado con los hábitos que adquieres, porque una vez que los adquieres, ellos te adquieren a ti".
Volverlo simple se traduce pues a una sóla cosa: hacer algo distinto - y mejor- a lo que venimos haciendo hasta ahora, y no dejar de hacerlo hasta que lo volvamos hábito. Así de simple, y basados en la máxima que plantea: "si quiero cambiar los resultados que obtengo en mi vida, necesito cambiar lo que hago en ella".
1 comentario:
Los seres humanos somos proclives al erroe y en ello se encuentra el posponer las cosas para "mañana", aún cuando en ello se encuentre algo valioso o importante, creo que la solución está en cambiar los hábitos y ser más humildes y tolerantes y en no aferrarse a querer tener siempre la razón, pues ello nos hace obstinados, además de que nos provoca problemas con las personas que nos relacionamos día a día y no nos ayuda a ver con claridad los problemas que se presentan y buscar soluciones.
Publicar un comentario