Alguna vez el gran escritor Goethe afirmo que "cuando se llega al compromiso definitivo con lo que se quiere en la vida, la Providencia se pone en marcha". Antes no. El sólo desear o querer algo no basta, tampoco el simple pretenderlo, se requiere del "compromiso definitivo" para que todo se vaya alineando en nuestro interior y en el exterior en favor de la realización de lo que buscamos. Pocos lo saben o a pocos les importa.
El ser humano presenta la peculiaridad de querer ser feliz pero sin sacrificio; de querer ser entendido pero sin entrega; de querer ser escuchado pero sin claridad; de querer ser exitoso pero sin esfuerzo; de querer sobresalir pero sin arriesgar. Me queda claro que el ser humano "está hecho para el Cielo", porque en esta Tierra que gran capacidad tiene de pasársela mal y culpar a todo y a todos menos a sí mismo de su "infortunio".
El Compromiso Definitivo nos sitúa por encima de las excusas, del esfuerzo, de las dificultades, de las frustraciones, del miedo...y el que nos sitúe por encima de ello no significa que no los experimentemos a lo largo del camino, ¡por supuesto que no!, significa que recorremos el camino que nos conduce hacia el éxito a pesar de la experiencia de esos sentimientos. Colocarnos por encima de ellos pues, no significa que no los sintamos, significa que NO NOS IMPORTAN, al menos no tanto como nuestras metas y objetivos realizados. Y entonces, como se dijeran así mismos los tripulantes del Apolo XIII en su amenazante experiencia de desperfectos en su nave: "fracasar no es una opción", lo mismo se plantea quienes han decidido vivir por encima de la media, mediocre y mezquina.
Entonces, sólo entonces, la Providencia se pone en marcha, no con veladoras ni rezos desesperados, sino con la convicción de saber que hay que trabajar como si todo dependiera de uno y confiar como si todo dependiera de Dios. Trabajo y Confianza son los ingredientes del Compromiso Definitivo.
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