Los dígitos asociados con nuestro nacimiento nos pueden ayudar a entendernos mejor a nosotros mismos y a otros en términos de nuestra personalidad y potencial. Sin embargo, hay que tener cuidado de no etiquetarnos a nosotros mismos o a los demás basándonos solamente en un número que, si bien nos da luces sobre rasgos esenciales de nuestra personalidad y sobre nuestro potencial, no nos dicen quienes somos, en todo caso, nos describen en parte "cómo" somos.
Las etiquetas y las categorías sirven siempre y cuando no perdamos de vista sus límites descriptivos. Así como en esencia las montañas están hechas de lo mismo, el viento, el agua, el movimiento de la tierra y el paso del tiempo las esculpen de tal manera que no hay dos montañas iguales. De modo similar, un sin fin de circunstancias y experiencias nos configuran en lo individual de forma única y no sólo el día en que nacimos. José, Bertha y Juan pudieran compartir la misma fecha de nacimiento y por lo tanto patrones similares de vida. No obstante, factores como la ascendencia, la cultura, los modelos, la genética, la complexión, la cultura, la zona geográfica, los valores, las creencias, las vivencias,... generan una influencia distinta en su manera de ser y de comportarse.
Por eso, lo que iremos descubriendo y trabajando a lo largo de estas publicaciones hay que considerarlo como un marco referencial más no el contenido de nuestra singularidad. Siempre partiendo de la grandeza de nuestro ser "únicos" e irrepetibles".
No hay comentarios:
Publicar un comentario