Solemos hacer más referencia a lo que nos sucede que a nuestra respuesta frente a ello, y nos centramos más en lo que nos gusta qué en lo que nos conviene. Ambos aspectos tienen que ver con elecciones personales a lo largo de nuestra vida, con el ejercicio de nuestra libertad.
Consideremos lo primero, fijarnos más en lo que nos sucede que en nuestra respuesta frente aquello que nos sucede, se trata de un grave error que nos conduce ha estar tratando de encontrar la respuesta a una de las más fatídicas preguntas que nos podemos hacer: “¿por qué a mí?” siendo que tiene más sentido responder a la pregunta “¿qué puedo hacer al respecto?” Claro que en ocasiones será importante responder al “por qué” de lo que nos sucede para evitar que se repita en lo sucesivo, pero muchas veces esto no será posible por lo que tendremos que pasar al cuestionamiento del “para qué”. En la mayoría de los casos el “por qué” está fuera de nuestro alcance y el “para qué” depende de nosotros y exige una respuesta pronta de nuestra parte. Es uno quien finalmente elige si decide pasarse la vida “lamentando” su situación, o destinar lo mejor de su tiempo y energía en “corregir” la situación y generar así un crecimiento personal que de otro modo no se hubiera podido lograr.
Lo segundo tiene que ver con el hecho de que no todo lo placentero es conveniente ni todo lo conveniente es placentero, y esto debido a que el motivador rector del ser humano no es el “placer”, sino el “valor”. Definitivamente el “placer” es el especto más atractivo para cualquier persona, pero sólo es el “valor” el que le da sentido a su vida. Y, ¿qué entendemos por valor? Pues la cualidad de una persona, situación o cosa por la que merece ser apreciada. Son nuestros “valores” (y no nos referimos a la connotación moral del término, sino en general a todo aquello que tiene un significado para nosotros) los que determinan nuestra excelencia de vida o nuestra perdición. Si para mí lo único “valioso” es lo placentero, reduciré mi existencia a lo meramente carnal sin poder generar satisfacción en el plano psicológico y espiritual de mí ser.
Nuestra libertad pues se ve potencializada y afianzada cuando generamos dos grandes disposiciones en nuestra vida: la de actuar en lugar de quejarnos, y la de comprometernos en lugar de justificarnos. Se trata de una elección personal que requiere de cada uno una gran responsabilidad por ser los artífices de nuestra propia vida, en lugar de permitir que sean los demás o las circunstancias quienes la determinen.
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