lunes, 6 de diciembre de 2010

Juicios

Ante la imposibilidad de conocer siempre las intenciones y sentimientos de los demás optamos por suponerlos y dar por hecho que son tal como lo afirmamos. Y no pensamos en otros escenarios posibles ni nos tomamos la molestia de preguntar, de indagar la realidad. Entonces elaboramos juicios repentinos sobre los demás basados en el leve hilo de una prueba – o de ninguna – por lo que cometemos injusticias y atropellos, generando desgaste en la relación y deteriorando el nivel de comunicación. Tendemos a generalizar y a suponer y no nos damos tiempo para corroborar nuestras interpretaciones con opciones “más sensatas” o, a los menos, posibles.

Partir de la amplia posibilidad de ser subjetivos y parciales a la hora de interpretar las actitudes y acciones de los demás nos vuelve honestos y sencillos, de manera que no le demos tanto peso a lo que creemos que le ocurre a los demás hasta que lo corroboremos con la realidad. Sólo así podemos aspirar a ser realmente objetivos y justos.

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