Acceder o no a la dimensión espiritual no es un asunto trivial, es lo que marca la diferencia entre unas circunstancias dominadas o unas dominantes. Diversas circunstancias del entorno suelen poner a prueba nuestras disposiciones y capacidades y el problema radica en que, con frecuencia, sea por la contundencia de sus efectos o por la acumulación del desgaste que generan, terminan tarde o temprano por "rebasar nuestras posibilidades". Es entonces cuando la dimensión espiritual "nos consigue" el complemento del auxilio divino.
Más la dimensión espiritual no ha de verse como un recurso al que se puede acudir en situaciones desesperadas, sino como la realidad desde la cual conviene vivir de manera habitual. Y es que vivir desde la dimensión espiritual significa que vivimos orientados por los valores y no por los caprichos, movidos por las virtudes y no por los impulsos,inspirados por el amor de Dios y no por nuestras pasiones.
Lo espiritual es cosa seria y el no acceder a ello conlleva una larga cadena de consecuencias negativas y vacío existencial, de tal modo que podemos afirmar que no es vida aquella que no se eleva por encima de las circunstancias y se sostiene por los recursos de Dios.
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