Si el concepto que tenemos de nosotros mismos proviene del juicio (criterio que otros se han formado de nosotros a lo largo de nuestra vida), de algún modo renunciamos a un proyecto personal de vida y le transferimos poder personal a los demás. Desde hace mucho tiempo se nos ha dicho que somos seres condicionados por una serie de factores sobre los que no podemos tener control y que afectan nuestras vidas, como si la elección de nuestro modo de ser y nuestro potencial estuvieran fuera de nuestro alcance.
Si mi modo de ser no es socialmente aceptado, entonces me sentiré mal y con la autoestima desecha, con la idea de que poco o nada puedo hacer al respecto. Si mi manera de ser es producto de mis genes, mi educación y de factores ambientales irreversibles, entonces no me quedará más opción que resignarme a ese modo de ser y de sentir que yo no elijo. Claro está que, con un enfoque así es comprensible que mucha gente se sienta inferior y acomplejada frente a los demás, y ¡quién no!, frente a un planteamiento de vida que me la presenta más como una especie de impredecible ruleta que como una aventura personal que soy capaz de diseñar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario