Como bien señala Stephen Covey, "los mapas no son los territorios" por lo que, una cosa es la realidad que captamos con nuestros sentidos (territorio) y otra, con frecuencia muy distinta, la interpretación que hago con lo que capto con mis sentidos (mapas). El proceso es natural y no representa problema hasta que el mapa deja de coincidir con el territorio y, por lo mismo, deja de describirlo. Es entonces cuando nos "perdemos", nos extraviamos y no acertamos ni en el rumbo, ni en el modo de recorrer el camino.
Sin embargo, solemos cuestionar primero la "validez" del territorio antes que de la de nuestros mapas, porque no reflexionamos, porque no nos tomamos la molestia (y sí, "es muy molesto")de contrastar nuestros supuestos y juicios con "lo que es". Incluso podemos deformar nuestra visión de las cosas con tal de no aceptar que el problema se haya, de ordinario, precisamente en dicha "visión".
Entonces podemos optar por seguir "extraviados" o hacer un alto en nuestro camino, y considerar la "eficacia" de nuestro mapa simplemente midiendo el tipo de resultados que estamos obteniendo al seguirlo y, como siempre, es uno el que decide.
No hay comentarios:
Publicar un comentario