El temor nos puede impulsar o nos puede paralizar, depende de lo que decidamos generar como respuesta. Me impulsa si me lleva a actuar para evitar lo que temo; generar acciones positivas para evitar situaciones negativas: enfermedad, quiebra económica, ruptura sentimental con alguien...
Si me paraliza me lleva a no arriesgarme y quedar indefensamente expuesto a las amenazas internas y del entorno. Como sea, lo que me hace temer me desgasta. Por lo general los temores suelen ser fundados aunque su problemática en sí radica en que suelen ser desproporcionados. En todo caso, se reducen -o eliminan- enfrentándolos, y uno se va disponiendo a enfrentarlos en la medida en que uno se va "preparando" para ello.
¡La preparación pues (física, mental, espiritual) es el gran remedio para vivir sin temores!
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