La independencia no es algo que se conquiste una sola vez, se ha de mantener con una postura diaria y responsable dispuesta a correr riesgos y asumir renuncias para hacer realidad los propios ideales. No se independiza uno para hacer después lo que le venga en gana, se independiza uno para ser capaz de comprometerse con lo que genera convicción personal, no simple preferencia.
Uno se independiza de algo para comprometerse con algo mejor, de mayor valor, no para dar rienda suelta a sus pasiones e instintos y perderse en ellos. Como nación, como sociedad, como organización, como familia o como individuo, la pregunta no radica en "¿para qué se es libre? sino que, partiendo de la libertad personal conquistada, uno se plantea: "se es libre, ¿para qué?"
La libertad no es un fin, es un medio. ¿Qué puede hacer que valga la pena independizarse? Cada quien habrá de responder a esta pregunta de acuerdo a sus ideales y convicciones.
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