"Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre" reza el refrán polular y, en el caso de los deseos vs los deberes, se aplica muy bien. Los hay quienes se centran en sus obligaciones sin tomar en cuenta sus deseos y, los hay también, quienes se centran en sus deseos al margen de sus obligaciones. Ni lo uno ni lo otro.
Hay que hacer lo que se debe "con gusto" y debemos hacer realidad "lo que nos gusta" siempre y cuando no se violen principios naturales por ello ni los derechos de otras personas. El deber tiene prioridad sobre el placer aunque no implica que se elimine. Y, como sea, se trata de vivir la vida en niveles cada vez más elevados, niveles que sean menos superficiales y más profundos; niveles que no giren en torno al capricho sino en torno al "honor".
Como bien lo señalara Sartre: "la felicidad no consiste en hacer lo que queremos, sino en querer lo que hacemos" Y, precisamente, a ese tipo de "profundidad" me refiero.
¡Felíz fin de semana!
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