Cuando pienso en la promesa divina de que "todo lo demás se nos dará por añadidura" y que nos centremos mejor en el "reino de Dios", caigo en la cuenta de que entonces, en la vida, lo que nos corresponde es "amar". Su reino es de amor y, por cierto, no es de este mundo, lo que puede implicar que no hemos de conformarnos con amar como lo hace la gente "en este mundo", es decir, de forma condicionada.
Lamentablemente estamos más centrados (o mejor dicho, estresados)con "todo lo demás" que con el "amar". ¿Será que presuponemos más dificl amar que buscar "lo demás"? Como sea, lo que nos corresponde es amar y dejar que Él se encargue de nuestras necesidades. Y no en un sentido de vagancia y baquetonería, no; más bien en un sentido de "trabajo en equipo con Dios" en dónde "confiamos" que nos será revelado el "cómo" que tanto estresa, y "trabajarlo" una vez que lo conozcamos.
Para amar como se nos pide, el primer paso es aceptar que nuestros seres amados no son como "debieran" o quisiéramos. La aceptación, recuerda, no como resignaciónsino como "humildad"...y ¡ya descubrirás lo poderosa que es la humildad!
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