Muchos problemas y hasta tragedias tienen su origen en la soberbia, y mucho de la soberbia tiene que ver con la resistencia a aceptar que no todos piensan, valoran, creen, sienten y actúan como uno mismo. Y tiene que ver también con el hecho de que las cosas y las personas no son necesariamente (y lo más probable es que, comúnmente) como las juzgamos. Es más fácil suponer que preguntar, es más cómodo dar algo por hecho que cuestionarlo o verificarlo, por lo que luego nos damos serios encontronazos con la realidad que suele impornerse a nuestros supuestos por estar por encima de ellos.
Existe un principio que plantea que: "si no estás obteniendo los resultados que deseas en la vida, ¡cambia lo que haces!" Y para cambiar - profundamente- lo que haces, has de cambiar el modo como percibes al mundo para que sea lo más objetivo posible, y lo menos subjetivo posible. Y está objetividad parte de la premisa de que el modo como interpreto las situaciones es, en el mejor escenario, "parcial". Nuestra visión de la vida suele estar "polarizada" por los valores y creencias que hemos heredado de nuestros antepasados así como de las experiencias personales - en especial las dolorosas- que nos crean un "modelo" de lo que se supone es y debiera de ser la vida. Usando ese modelo como refrencia lo interpretamos todo de una forma subjetiva.
En todo caso, conviene más partir de lo que "es" y no de lo que "debería de ser" de acuerdo a nuestros parámetros personales. Por ejemplo, si hace frío, pues hay que partir de ese hecho - para abrigarnos- en vez de deternernos a considerar - y lamentar - en el "por qué existe el frío" o "lo padre que sería que estuviera templado el clima". Aceptar "lo que es" requiere de cierta adaptación (que no resignación) para, partiendo de esa base, mejorar la situación en lo posible. Si, por ejemplo, mi pareja es impuntual (y ¡toda la vida lo ha sido!) haré mejor en aceptar que así es y tomar las pertinentes providencias para que su impuntualidad afecte lo menos posible nuestra relación y compromisos sociales, en vez de generar infecundo desgaste tratando por todos los medios de lograr que valore la puntualidad y se esmere en ello.
Suele suceder que, cuando liberamos al universo y a nuestras relaciones de la tensión que se genera con nuestra pretención de que sean como queremos, empiezan a disponer de mayor espacio y mejor vibra para mejorar y fluir sin estancamientos ni distorsiones. ¡Bastante tenemos que trabajar en la mejora personal, como para que gastemos energía y tiempo valiosos en la soberbia pretensión de que lo demás - y los demás- sean como pensamos que deberían de ser!
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