miércoles, 4 de noviembre de 2009

Lo que te Define

Más allá del temperamento, el ambiente o las circunstancias, lo que define mi forma de ser son los hábitos que he incorporado a lo largo de la vida. Los hábitos son predisposiciones que me generan -de manera automática- reacciones determinadas o me inducen a acciones específicas. Y son esas reacciones y esas acciones las que, por la vía de las consecuencias que se derivan de ellas, determinan mi calidad de vida. Por ello es importante plantearse una mejora personal y en nuestras relaciones a través de la incorporación de nuevos hábitos (positivos) que redunden en crecimiento personal.
Se trata de incorporar nuevos hábitos positivos más que desterrar los viejos negativos. Es común el error de pretender quitar lo negativo de la vida - en vez de incorporar lo positivo- generando así un gran estrés y una segura frustración a futuro. La razón es que, para que en nuestra mente subconsciente tenga sentido la petición de dejar de hacer algo necesita "tener presente" aquello que queremos dejar. Y esa "permanencia forzada" genera un callejón sin salida por aquello de que, aquello en lo que centras tu atención, "crece".
Entonces la alternava es, en palabras de San Josemaría: "ahogar el mal en abundancia de bien". Lo negativo termina siendo desplazado por lo positivo. Si quiero mejorar mi situación, he de expandir mis posibilidades - a través de los nuevos hábitos- en vez de confrontar mis limitaciones generadas por los viejos hábitos.
Y para lograrlo, se requieren de tres ingredientes clave: la toma de conciencia mediante la visualización; el ejercicio de la voluntad mediante la repetición; y la consolidación del hábito mediante la formalización. La primera implica el uso de la imaginación para "anticipar" las sensaciones y beneficios que experimentaremos una vez que logremos el hábito. La segunda, concretar acciones "dosificadas" que iremos repitiendo - en un plano creciente en número e intensidad de forma paulatina- hasta generar el hábito. Y, la tercera, requiere de mi algún tipo de acto solemene o de compromiso con otros - para hacerlo frente a ellos, con ellos o por ellos- que formalice mi disposición al cambio.

Pongamos un ejemplo, supongamos que he decidido incorporar el hábito del orden en la administración de mi tiempo. Lo primero que hago es visualizar con nitidez y con lujo de detalles como me voy a sentir una vez que tenga control sobre mi tiempo y mis actividades; el grado de satisfacción que voy a experiementar así como la tranquilidad de saber que puedo hacer más y mejores cosas sin estrés y sin prisa, visualizo (experimento por anticipado) en definitiva, el éxito que voy a experimentar al incrementar mi productividad con el nuevo hábito incorporado.
Después concreto acciones específicas de orden, por ejemplo, adquiero una agenda y comienzo por anotar algunas actividades cuyo espacio y tiempos asignados respeto a como de lugar. Y poco a poco voy incrementando el número de actividades que planeo y ejecuto de acuerdo a un orden preestablecido.
Finalmente, formalizo con otros (personas que me quieran, conozcan y estén dispuestas a exigirme si aflojo el paso) mi compromiso de llevar a cabo la incorporación del nuevo hábito e incluso me pongo de acuerdo con alguien que aspire a lo mismo que yo para que lo realicemos juntos.
Es importante tomarse en serio el tema de los hábitos, pues como afirmara Zig Ziglar: "ten cuidado con los hábitos que adquieres, porque una vez que los has adquirido, ellos te adquieren a ti".

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