Es frecuente toparnos con personas que viven como retrasados o adelantados a su tiempo en el sentido de que no viven su presente. Se trata de individuos que se la pasan añorando algo del pasado o a la espectativa de lo que pueda suceder en su futuro. Los hay quienes quisieran volver el tiempo atrás y quienes quisieran "quemar etapas" y adelantarse a su futuro. Y pocos bailan al son de su presente. Recuerdo las palabras de Jesús: "no os afanéis por el mañana, pues al mañana le corresponde su propio afán". Vivir con un desface psicológico en el tiempo necesariamente ha de generar inestabilidad emocional.
El presente en sí mismo conlleva grandes desafíos y también permite vivir grandes experiencias, a condición de que seamos conscientes de lo que acontence en el hoy y ahora y nos involucremos con todo nuestro ser en ello. Por ejemplo, el presente es un gran momento para percibir con mayor amplitud y nitidez lo que nuestros cinco sentidos captan: el color, el olor, la textura, el sonido y el sabor; por lo que podemos amplificar nuestra capacidad de sensación (o mejor dicho, ser más conscientes de ella) y enriquecer nuestra vivencia de ello. En cambio, la persona que anda contemplando nostálgica su pasado, o la que anda ansiosa contemplando su futuro, no pone atención a lo que sus sentidos captan en el presente, lo que se convierte en una terrible pérdida de la posibilidad de vivir con gratitud y gozo.
En el presente también se experimentan el pensamiento, el recuerdo o la contemplación; y no se pueden las tres al mismo tiempo por lo que, hay que elegir. Si eliges el pensamiento, muy probablemente seas presa del juicio y la etiquetación de personas y situaciones con lo cuál es muy probable que te la suelas pasar mal interiormente. Ello debido a que, en un mundo imperfecto como el nuestro, por definición el juicio será de ordinario negativo y generará insatisfacción pues nuestras expectativas y deseos se verán frustrados con frecuencia. Si eliges el recuerdo, tendrás entonces una vivencia dolorosa o gozosa dependiendo de qué es de lo que te acuerdes. Sin embargo, pasar mucho tiempo generando recuerdos nos obstruye la capacidad de enlazarnos con lo maravilloso del presente que se halla con frecuencia oculto para las mentes que están distraídas con el pasado. Si, en cambio, eliges la contemplación - esa observación serena y atenta de lo que sucede en cada instante sin juzgarla, sin analizarla y sin catalogarla, simplemente observándola desde la humilde postura de una creatura agradecida y embelesada con todo lo que le rodea (como los niños),- entonces te serán reveladas las grandezas del aquí y el ahora: el ser, el amor, la paz, la admiración...
Además, el gran fruto del vivir en el presente consiste en el encuentro con Dios, con "el que ES", porque al Ser sólo se le descubre en el presente, pues sólo en el presente se "es", ya que lo del pasado "ya no es" y lo del futuro "aun no es". A Dios sólo lo encuentras en el presente pues el no es un Dios de muertos. Vivir el presente y en el presente te vuelve un alma "contemplativa" en su acepción más espiritual, y cuando te vuelves un alma más contemplativa puedes también vivir la experiencia de la convivencia con los demás en un nivel auténticamente superior: el del amor. Así que, ¿por qué no volver nuestra vista hacia lo que es y que está siendo en este momento, y quedarnos en ello?
2 comentarios:
Muchas felicidades por este blog que espero ayudará a mucha gente. Personalmente me parece muy oportuno traer a colación este tema de vivir el presente dada la tendencia a añorar o a desear pero sin arrepentirse/alegrarse o sin trabajar. Creo que puede venir bien algo que leí hace poco: no hay santo sin pasado ni pecador sin futuro.
Andrés: Me parece absolutamente brillante este artículo del blog, especialmente la parte de que se ES sólo en el presente. Es una reflexión ciertísima y creo que vivir en el presente hoy es una cosa cada vez más escasa y rara, sobre todo con el bombardeo de información y la dinámica de los medios/ publicidad que procuran que la gente siempre esté deseando (tener, viajar, comprar) y que no dan espacio a valorar y saborear lo que se tiene (en presente), lo que se cree, donde se vive, a quien nos rodea, lo que está al alcance hoy y ahora. No sugiero que esté mal desear o tener metas a futuro, pero creo que hemos de estar más con la mente en el ahora y trabajando con alegría por lo que ha de venir. Pienso que el estado de anhelo contínuo es de lo más común hoy, que genera frustración y que ese estado impide vivir en el presente y por ende ser más felices.
Saludos.
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