lunes, 6 de junio de 2011

Dar

No obliga tanto la dádiva cuanto el modo de hacerla.

Ippolito Nievo


Es difícil dar y más aun dar de buena gana y de buen modo. El egoísmo es uno de los rasgos distintivos (defectuosos) de la naturaleza humana, de manera que, el acto de dar, suele ser un acto determinado por nuestra voluntad y no por nuestro impulso. Claro está que se presentan honrosas excepciones a esta regla, tal es el caso del impulso de dar de las muchas madres a sus hijos; el impulso de dar a una amistad muy preciada; el de dar a la persona de la que nos enamoramos... Más, fuera de estas excepciones, lo normal es que no demos o demos "a la mala".

Dar no es fácil, y menos aun cuando la persona que pide no lo hace bien o ni siquiera lo merece. Y, no obstante, sigue siendo importante no sólo el disponernos a dar, sino hacerlo con gusto, de buena manera, en el momento que se requiera o se necesite. Sí, no es fácil, más lo importante es que, con mansedumbre y humildad, ¡es posible!

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