Nos encontramos en una era de transición en dónde la distancia entre lo científico y lo espiritual parece acortarse. Lo que antes la ciencia consideraba inaceptable y propio del campo de las religiones lo está comenzando a considerar gracias a los descubrimientos de la física cuántica. Se está dejando de hablar de cosas para referirse mejor a posibilidades y, a la conciencia, se le está dando un lugar preponderante. Nuestros viejos paradigmas se están volviendo obsoletos, tanto por los avances de la ciencia y tecnología como los estudios – por ejemplo en la neurología – que comienzan a certificar el poder de la mente sobre la materia y aceptan una realidad “espiritual” que se encuentra más allá de lo material.
La nueva visión del mundo exigirá cambios en lo personal, lo que se traducirá en un crecimiento y expansión de nuestras posibilidades para algunos, o en asumir una postura de resistencia y rechazo a adoptar las nuevas formas de percibir las cosas. El cambio ya es una realidad y nos corresponde a cada uno decidir si nos adaptamos y lo seguimos o si lo rechazamos y nos perdemos en el camino sin retorno de la obsolescencia y decadencia.
Nos vamos adentrando a una nueva era en la que daremos un salto “cuántico” en nuestra percepción del universo y con él, en el de su centro: el ser humano.
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