Benjamín Freanklin afirmaba: "lo que eres grita tan fuerte en mis oídos que no puedo escuchar lo que dices", lo que describe muy bien la contundencia de lo que transmitimos con nuestro modo de ser, independientemente de cuál sea nuestro modo de hablar. Somos seres trascendentes y ello implica que mutuamente nos estamos transmitiendo algo. Tú, ¿qué transmites? ¿Seguridad? ¿Confianza? ¿Paz? O ¿inquietud? ¿Desconfianza? ¿Tensión?
Nuestra forma de ser es resultado, entre otras cosas, del nivel de compromiso consciente con el que vivimos las exigencias de los momentos que constituyen la línea del tiempo en nuestra vida. Si hay compromiso elevado, transmitiremos paz; si no lo hay, transmitiremos tensión y generaremos habitualmente conflictos con los demás.
Compromiso es la clave, no meras intenciones ni meras suposiciones. El compromiso rompe la barrera de la mezquindad y el conformismo...ah, y del egoísmo. Lo que trasmites pues tiene que ver con tu disposición a sobreponerte a tus estados anímicos para vivir de acuerdo a un código de honor personal, en dónde lo valioso no lo inventas, lo reconoces y generas un compromiso con ello.
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