Uno de los significados de la palabra "logos" es el de "sentido", y en este sentido la utilizamos para describir el significado que las personas, situaciones y cosas tienen en nuestra vida. Sólo hacemos realidad lo que tiene "sentido" para nosotros, lo que no lo tiene, ni lo consideramos siquiera. Logos significa también "conocimiento", de manera que el "aprendizaje" le da sentido a nuestras experiencias, en especial a las de amor y a las de sufrimiento.
Una vida sin sentido se torna progresivamente en una vida insoportable o, por lo menos, absurda. Vivir sin un sentido que realizar o que lograr se torna en mero consumismo, en una frenética -e infructífera- búsqueda del bienestar a como de lugar. No obstante, el bienestar buscado como fin conduce a las peores formas de malestar: adicciones, obsesiones, compulsiones, neurosis...y la ansiedad y amargura van consumiendo a ese ser que se centró más en un estar bien en lugar de hacerlo en un ser mejor.
En la publicación anterior mencionamos que a lo importante no se le debe abandonar y dejarlo en manos de lo impulsivo, ahora subrayamos que lo importante es lo que nos hemos de plantear como prioritario en nuestras vidas y no el simple bien estar. El estar bien no le confiere sentido a nuestra vida, sólo le anestesia temporal y emocionalmente hablando.
Y, ¿qué es lo que tiene sentido entonces? En esencia, tres cosas: transformar nuestra vida para mejorarla en todos los ámbitos posibles y pertinentes; amar al menos a otra persona a parte de uno mismo y, trascender el sufrimiento cuando este sea inevitable. El que no se transforma para mejorar, o que no ama a nadie o no quiere superar una gran pérdida o sufrimiento, no ha descubierto de qué se trata vivir, más allá de los convencionales modelos de éxito que de muy poco sirven, y muy pocos alcanzan.
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