No es lo mismo obtener el perdón de una ofensa que reparar el daño. Con el perdón de la persona a la que hicimos daño logramos que no nos guarde resentimiento, más el perdón por sí mismo no resarce las consecuencias de la ofensa. Eso se logra con un propósito de enmienda traducido a obras concretas. Claro está que habrán ocasiones en las que el daño sea "irreparable" y entonces "sólo" se pueda aspirar al perdón, más en aquellas en la que sea reparable, ¡hay que repararlo!
Y el proceso de reparar lleva tiempo, y lo irónico es que, para hacer un daño se requieren de minutos mientras que para repararlo se pueden llegar a requerir hasta años. Y esto sobre todo ha de tenerlo presente la parte ofensora, porque luego le corren las prisas de que todo se arregle pronto y la relación vuelva a como estaba antes del daño, y eso no se vale.
También la parte ofendida hará bien en buscar formas de acortar lo más posible el tiempo que se requiera para resarcir el daño por parte de la parte ofensora, es la parte que le corresponde a su amar.
Como sea, es importante tener claro que no es lo mismo perdonar que reparar: lo primero le corresponde a la parte ofendida; lo segundo, a la parte ofensora.
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