martes, 17 de agosto de 2010

Dirigirse a Dios

Dirigirnos a Dios implica, en una primera instancia, centrar nuestra atención en Él de manera consciente y persistente, es decir, "voluntaria". No contamos con un "instinto" o "impulso" para pensar en Dios, entonces hacerlo, requiere de una determinación de nuestra voluntad: hemos de "querer" buscarlo, no nos "nace" hacerlo, al menos en un sentido estricto.

El primer paso pues, para dirigirse a Dios ha de ser "pensar" en Él, "sólo eso", una y otra vez a lo largo de nuestra jornada. Y mantenernos así hasta que, "llegado el momento", el se nos manifieste de la manera que considere mejor. Y hay que pensar mucho tiempo en Él -y con mucha "ilusión"- para merecernos la oportunidad de comenzar a intimar con Él. Y ese, ¡apenas es el comienzo!

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