lunes, 8 de febrero de 2010

Distanciarse de Uno Mismo

Una de las grandes facultades humanas es la de poder generar distancia con respecto a los propios estados internos. Somos seres espirituales y por lo mismo contamos con la posibilidad de observarnos a nosotros mismos a base de "disociarnos" de nuestra experiencia. El distanciarnos de nosotros implica que nos observamos fuera de nosotros y separados de nuestro acontecer cotidiano. Al hacerlo, podemos ir notando como que somos una realidad distinta de lo que experimentamos, de lo que nos pasa. No somos nuestros pensamientos, ni nuestros sentimientos, ni nuestras acciones, ni nuestras relaciones o circunstancias. Somos seres que experiementamos eso pero "no somos" eso.
El guardar distancia de lo que nos sucede y de como lo experimentamos nos crea perspectiva, y con ella, reducimos el nivel de estrés con el que solemos vivir amén del hecho que aprendemos a conocernos e identificar esas aristas de nuestro carácter que conviene corregir. Hay diversas formas de guardar esa distancia. Una de ellas tiene que ver con el considerar, con sentido del humor, lo que nos acontece. Otra, escribir con frecuencia relatos de lo que nos sucede cotidianamente, como escribir un diario en el que contamos lo que nos pasa sin juzgar ni analizar la situación, sólo describirla.
Por el sólo hecho de proponérnoslo encontraremos diversas formas de autodistanciarnos, por ejemplo, si mientras reconciliamos el sueño nocturno hacemos un repaso mental de lo que realizamos a lo largo de la jornada, una vez más, sin criticar ni juzgar nada. La cuestión radica en que podemos reducir la exagerada importancia que solemos darle a los acontecimientos a base de desarrollar la capacidad de autodistanciarnos pues, como quiera, eso nos permitirá ser cada vez más humildes.

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